SR. PRESIDENTE DE LA NACIÓN
DR. JAVIER GERARDO MILEI
De mi mayor consideración:
Soy Sebastián Luis Agliano, hijo de Cayetano Agliano, pescador de los de antes, de esos que aprendieron el oficio mirando el mar y no leyendo un balance.
Vengo de una familia de pescadores de Mar del Plata, de los barquitos amarillos, de esos barquitos que todos ven en el puerto y que, muchas veces, pocos miran de verdad.
Hoy me toca ser Presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera y Fresquera, pero antes que presidente soy hijo, padre, y parte de una cadena de inmigrantes italianos y sus descendientes que apostaron por este país cuando Argentina todavía se estaba haciendo grande.
Nuestros abuelos y padres llegaron con una mano atrás y otra adelante, y encontraron en el mar una forma honesta de vivir: salir de noche, volver de día, traer pescado fresco a tierra y mover la economía de un puerto que siempre fue símbolo de trabajo.
Nosotros no somos grandes grupos empresarios ni generadores de divisas financieras.
Somos familias que viven de lo que el mar da y de lo que el barco es capaz de traer en sus cajones.
Cada viaje que hace un barquito amarillo sostiene a su tripulación, a las plantas de procesamiento, a los fileteros, a los camioneros, a los comercios del barrio y a toda una vida económica que gira en torno al puerto de Mar del Plata.
Hoy esa rueda está dejando de girar.
Salir a pescar se volvió una cuenta imposible: el combustible, que es nuestro principal insumo, está a valores que no cierran con lo que nos pagan por el pescado.
En muchas mareas, un kilo de corvina no llega ni a comprar un litro de gasoil, y eso significa que trabajar, literalmente, nos empobrece.
No estamos hablando de negocios que ganan menos, sino de barcos que directamente no pueden salir, tripulaciones que se quedan en el muelle y familias que se quedan sin ingreso.
A esto se suma algo que para nosotros es tan serio como el precio del gasoil: la burocracia administrativa y normativa que, muchas veces con buena intención, termina paralizando al sector.
La falta de actualización de las normas de dotaciones mínimas, las exigencias que no se corresponden con la realidad de los barcos costeros ni con la disponibilidad de personal, y los trámites que se multiplican sin solución concreta, nos ponen en un limbo legal y operativo que nos deja de manos atadas.
Quiero que se entienda algo con claridad: no somos un número en una planilla.
Detrás de cada matrícula hay una historia.
Está Don José con su barco, que cuando las cosas van bien saca más de seiscientos cajones por marea y mueve trabajo para decenas de familias.
Están los hijos que quieren seguir embarcándose, pero ven que el esfuerzo de sus padres hoy no alcanza para sostener el barco ni la casa.
Están las viudas de pescadores que ya no están, y que igual se acercan al puerto para preguntar cómo viene la cosa, porque saben que si la flota se para, el barrio entero se apaga.
Por eso esta nota no es una queja más ni un gesto político.
Es un pedido personal, directo y sincero de alguien que ama este oficio y que no quiere ser el presidente de la asociación que vio morir a la pesca costera.
Nosotros ya agotamos las vías formales: presentamos notas, pedimos audiencias, fuimos a los organismos que corresponden.
Lo que falta ahora es decisión política para frenar una crisis que ya no es una alarma, es una realidad.
- Que se escuche la voz de las familias de pescadores de los barquitos amarillos de Mar del Plata.
- Que se revean, con criterio técnico y sentido común, las normas que hoy nos traban más de lo que nos cuidan.
- Que se avance en medidas concretas sobre el costo del combustible y la carga fiscal que hoy hacen inviable la operatoria de la flota costera.
- Que se habilite una instancia de diálogo real, cara a cara, donde podamos llevar propuestas concretas para sostener la actividad, el empleo y el abastecimiento de pescado fresco.
No estamos pidiendo privilegios.
Estamos pidiendo condiciones mínimas para poder seguir haciendo lo que sabemos hacer: trabajar, salir a la mar, volver a puerto y que ese esfuerzo alcance para vivir dignamente.
Le hablo como presidente de la Asociación, sí, pero sobre todo como hijo de pescador, como parte de una comunidad que siente orgullo de su oficio y que no quiere abandonar sus barcos ni ver el puerto vacío.
Lo que está en juego no es sólo un sector económico: es una forma de vida, una cultura y una identidad que hicieron grande a Mar del Plata y a la Argentina.
Por todo lo expuesto, le solicito humildemente que nos reciba, que nos escuche y que nos permita plantear en persona esta realidad y nuestras propuestas.
No tengo detrás un grupo empresario; tengo detrás a las familias de los barquitos amarillos que todavía creen que este país puede darles una oportunidad si el Estado las mira a los ojos y las reconoce.
Sin otro particular, y esperando sinceramente una respuesta, lo saludo con respeto.
Sebastián Luis Agliano
Presidente Asociación de Embarcaciones
de Pesca Costera y Fresquera (AEPCyF)


