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Por Sebastian Agliano
Presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera y Fresquera

El esfuerzo de trasladar nuestras flotas y tripulaciones miles de kilómetros para seguir los ciclos biológicos del recurso contrasta con la rosca política que se genera en los despachos porteños. Desde la banquina marplatense, compartimos la mirada crítica de quienes producimos día a día en el agua y sostenemos el motor económico y laboral de nuestro puerto.

EL ESFUERZO DIARIO: EL ÉXODO CONSTANTE DE LA FLOTA

La pesca no es una actividad estática. El recurso manda y las PyMEs familiares nos adaptamos a sus ciclos biológicos con un despliegue operativo y logístico que muy pocos imaginan desde afuera del sector. En estos meses de plena zafra, cerca del ochenta por ciento de las embarcaciones más chicas opera desde el Puerto de La Plata para aprovechar la concentración de corvina rubia en el Río de la Plata. Al mismo tiempo, gran parte de la flota fresquera de altura debe mudar sus bases operativas miles de kilómetros hacia los puertos patagónicos como Rawson o Puerto Madryn para seguir el ciclo del langostino.

Este desplazamiento no es simplemente soltar amarras y cambiar de rumbo. Significa articular un esfuerzo económico y humano gigante que involucra el traslado terrestre de decenas de marineros, maquinistas y patrones por ruta para tomar servicio lejos de sus hogares, la coordinación de caravanas de camiones refrigerados que cruzan la Patagonia para traer el pescado fresco a las plantas de procesamiento de Mar del Plata, la logística para asegurar el abastecimiento de gasoil a valores altísimos en zonas portuarias sobrecargadas, y la necesidad de improvisar bases operativas de la noche a la mañana para mantener la continuidad naviera.

Hacemos esta apuesta para garantizar que la rueda de la producción, el fileteado, la estiba, los talleres navales y el empleo en tierra en Mar del Plata no se detengan bajo ninguna circunstancia.

LA ASIMETRÍA DEL SECTOR: PRODUCIR EN EL AGUA VS. PRESIONAR EN LOS DESPACHOS

En el día a día se hace evidente la brecha que existe entre la economía real de la banquina y la rosca política. El armador costero y la PyME familiar viven al ritmo de las urgencias del puerto: supervisar reparaciones de motores, controlar las descargas o estar a bordo en plena marea. No tenemos el lujo ni el tiempo para detener las operaciones e ir a hacer antesalas continuas en las dependencias oficiales de la Capital Federal. Si el barco no sale a pescar, la tripulación no cobra, los compromisos comerciales se caen y la empresa quiebra.

Esa absorbente necesidad de trabajar es la ventana de oportunidad que aprovechan ciertos lobbies corporativos y las grandes empresas congeladoras integradas. Mientras nosotros trabajamos contra el clima, el viento y el costo de los insumos, ellos mantienen estructuras permanentes en los pasillos porteños negociando normativas que van vaciando de contenido el espíritu social y productivo de la Ley Federal de Pesca.

DECISIONES SOBRE EL RECURSO: EL CASO DEL CALAMAR Y LA AMENAZA SOBRE EL LANGOSTINO

Las consecuencias de esta asimetría están a la vista en los acontecimientos normativos más recientes. Las resoluciones del Consejo Federal Pesquero que habilitan la incorporación de dieciocho nuevos proyectos de buques poteros para la pesquería de calamar Illex muestran qué modelo de desarrollo se busca priorizar desde la cúpula central. Se favorecen esquemas pensados para grandes capitales que no garantizan trabajo genuino ni procesamiento en tierra para las comunidades portuarias como Mar del Plata.

En paralelo, persiste la presión constante para imponer un sistema de cuotas individuales transferibles en la pesquería de langostino. El modelo actual, basado en las prospecciones del INIDEP y aperturas dinámicas por subáreas, ha demostrado ser idóneo para proteger la sustentabilidad biológica del recurso y asegurar un reparto equitativo. Modificar este esquema para concentrar la captura en barcos congeladores significaría vaciar las banquinas fresqueras y dejar sin materia prima a miles de trabajadores del fileteado, la estiba y la industria naval marplatense. En cada marea sostenemos esta cadena con enorme esfuerzo, como cuando coordinamos camiones térmicos cruzando la Ruta 3 en pleno invierno para que la materia prima mantenga su máxima calidad y active cientos de empleos directos en el muelle en pocas horas.

UN COMPROMISO INSTITUCIONAL CON EL TRABAJO Y LA SOBERANÍA

Como representantes de los armadores y tripulaciones de la pesca costera y fresquera, sostenemos que la soberanía marítima y el desarrollo económico regional se defienden trabajando con reglas claras y previsibilidad. Las decisiones estratégicas sobre nuestro mar no pueden tomarse a espaldas de la realidad operativa ni considerando únicamente planillas de cálculo.

Necesitamos que las autoridades de aplicación escuchen a quienes sostienen la actividad día a día en el muelle de sol a sol, garantizando las condiciones para que las PyMEs familiares pesqueras puedan seguir invirtiendo, generando trabajo digno y agregando valor en puertos argentinos.

Sigamos defendiendo con firmeza la pesca costera y fresquera frente a la concentración de nuestras riquezas marítimas.